Se ha vestido y maquillado para la ocasión. Tiene 84 años y no escatima bijouterie. "Yo siempre me coloreo", confiesa Teresa Felipe de Heredia. Su departamento en el edificio de la calle Congreso luce el mismo espíritu ornamental: el barroquismo se ha apoderado de cuanto centímetro cuadrado halló disponible. Todo pega con la dueña de casa, que antes de prestarse al diálogo con LA GACETA presenta su preocupación por ser bien interpretada. Dice que ya no tiene necesidad de armar revuelo porque está alejada de la política. El punto final llegó en 2011, cuando quiso ser concejala de la capital por cuarta o quinta vez y perdió. Derrota que ella, desde luego, no se explica: "todo el mundo me cuenta que me votó. No es para entenderlo. Dios sabrá por qué lo hizo".
La mano de Riera
"Teresita" Felipe de Heredia, dirigente histórica del Partido Justicialista de Tucumán, asegura que dedicó tres décadas a la política y que el ex gobernador Fernando Riera la involucró en esa tarea en 1983. Ese año se convirtió en la única edil mujer de San Miguel de Tucumán. "Fui maestra, directora de escuela, consejera docente… Gracias a Dios", relata. La lista sigue: secretaria de Estado de la Mujer durante el gobierno de Ramón Ortega; 'jefa' de los barrios del circuito 10 de la capital, y legisladora entre 1999 y 2003, en coincidencia con la gestión de Julio Miranda. En 1995, el entonces mandatario Antonio Domingo Bussi (Fuerza Republicana) le ofreció hacerse cargo del área de Bienestar Social. "Yo no quise, porque ese no era mi gobierno y ellos querían aprovecharse de mi contacto con la gente", recuerda vagamente.
En el peor momento del mirandismo, durante el estallido de la desnutrición infantil, la parlamentaria decidió que no había argumentos para que la Legislatura enjuiciase al gobernador (era presidenta de la comisión de juicio político). "Discutíamos mucho, porque había más oposición. Pero no encontramos razones", aduce. En mayo de 2002, la organización Faro Ciudadano hizo una concentración en la puerta de su domicilio de aquel momento, en la calle Monteagudo al 300, para repudiar su participación en la escandalosa habilitación de una reforma constitucional destinada a dar la reelección a Miranda (al final, esa ley vinculada a un presunto soborno no prosperó). "No me acuerdo de eso. Nosotros no tocamos la Constitución", zanja y regresa a su historia.
"Riera me pone como candidata (en 1983). Yo era de Famaillá; él, de Bella Vista: esa cercanía de los pueblos cimentó la amistad". ¿Por qué el peronismo? "Porque nací en el campo y vi la humildad, la pobreza y la 'comoé' (sic)… y quizá eso fue arraigando en mí un sentimiento solidario. Y me gustaba el peronismo por Evita, por la estrella fulgurante que ella fue", evoca y, a continuación, trae a la mesa unos fascículos de "Historia del peronismo", y "Evita", el libro de fotografías absurdamente gordo y pesado que firmó Felipe Pigna. La ex edil pasa lentamente las páginas y suspira: "¡mirá la suntuosidad con la que Eva vestía la humildad de su alma!". En ese trámite concede que Juan Domingo Perón era alto, mas no precisamente un galán. "Incluso tenía granitos en el rostro", indica. Acepta asimismo que María Estela Martínez de Perón no puede ser comparada con Eva. "Todas querrían ser como ella", acota sonriente.
Familiar y católica
A las 10.20 del jueves 7 de febrero aparece una colaboradora de Felipe de Heredia con sándwiches, gaseosas y canapés salados. La conversación se va por el lado de las cosas que la enorgullecen, como el haber promovido el asueto del 8 de marzo para las mujeres de la administración pública y el cupo femenino en las listas de candidatos. "Me decían: ¿para qué lo querés si vos ya tenés ganado tu lugar? Pero yo no peleaba por mí", informa. Y añade: "¡no sabés la violencia que fue ser la única mujer del Concejo Deliberante! Aunque mis compañeros lo disimulaban, todos tenían su machismo. No me subestimaban porque desde el primer momento yo hice notar mi carácter y dedicación a la gente. Esa fue mi prioridad: hacer algo por la comunidad. Hoy transito por los barrios, y veo con alegría que la mayoría tiene agua y luz, cosa que no pasaba en 1983. ¡Qué gusto fue abrir el cañito y ver cómo salía el chorrito! Hicimos cloacas, pavimento, cordón cuneta… Pero la lucha por la igualdad de oportunidades entre varones y mujeres ha sido cruel".
Habla de machismo, pero no de feminismo. Reivindica la familia y el culto católico. Y desliza que no descuidó el hogar que fundó junto a Virgilio Heredia (falleció en 2005) y en el que nació Daniel, que también fue legislador por el Partido Justicialista y le dio su único nieto. "El tema es organizarse. Hay que 'centuplicarse' para cumplir el rol de ama de casa, de madre, de esposa… Antes, lo ideal era permanecer todo el día en la casa. Parece que la mujer nacía con ese signo. Pero avanzó. Y hoy tenemos nada más ni nada menos que a la tucumana Beatriz Rojkés de Alperovich como tercera autoridad del país y a Cristina Fernández de Kirchner en la presidencia", celebra con orgullo.
Según su opinión, en el peronismo del pasado había mucho más fanatismo. "Yo sigo siendo amante de Perón y de Eva, y también soy kirchnerista. Tenemos a 'Betty' Rojkés como presidenta del partido y no porque se la haya puesto a dedo: hubo elecciones internas con contrincantes y las ganó por amplísima mayoría; será por providencia divina", conjetura espontáneamente.
Fanatismo no; amor, sí
Puesta a analizar el futuro político de la provincia, arriesga: "si hay (una nueva) reelección, José Alperovich conservará el cargo de gobernador. De lo contrario, todo el mundo dice que su esposa será su sucesora. 'Betty' es una mujer muy capaz". Respecto de La Cámpora, opina: "me agradan porque son muchachitos intrépidos que quieren hacer algo. A las nuevas generaciones de políticos les aconsejo que se 'encuadren' y disciplinen, que pongan las ambiciones de grupo y de proyecto por delante de los intereses personales".
Después vuelve sobre sus dichos y corrige: "me expresé mal. No quiero hablar de fanatismo, sino de coincidencia y de participación en el movimiento peronista. Porque fanatismo es otra cosa: es creer en algo sin encontrarle asidero, sin principio ni fin. Esto no es eso: es amor, es querer ser parte de hechos históricos como el del 17 de octubre de 1945 (fecha de la movilización popular por la liberación del entonces coronel Perón, que luego dio origen al Día de la Lealtad)".
Rechaza que su partido carezca de tolerancia a la crítica y a la autocrítica: "no se vive así y no estoy para nada a favor de eso. Una debe tender redes y buscar la unidad. En Tucumán no hay una oposición sólida porque están todos separados". Desmiente que el gobernador Alperovich cumpla la función de intendente de San Miguel de Tucumán, que corresponde a Domingo Amaya. "En mi época (de concejala), ellos se entendían muy bien. Aquí hay que gobernar para el pueblo, que no es tonto".
"No me enriquecí"
Felipe de Heredia está jubilada. Explica que vive tranquila, pero prefiere no ventilar cuánto percibe por mes. En cambio, expresa: "yo heredé una pequeña fortuna familiar, tuve dos 'boutiques'… Gracias a Dios puedo decir que no me enriquecí con la política. Al contrario: perdí dinero". Y afirma que, si de algo se arrepiente, es de no haber parido otro hijo: "todo por la obsesión estúpida del trabajo. La política es adictiva: a una le gusta ver un cordón cuneta donde antes no había nada y transitar por calles que ya no levantan polvareda. Yo nunca tuve poder; siempre fui una encolumnada. Y no crea que no coseché sinsabores: a veces no me correspondieron como merecía, pero no me voy a detener en eso, no vale la pena". Y con el mismo tono agridulce pregunta: "¿un poquito más de gaseosita?". Teresa Felipe se incorpora, se mete con prisa en una habitación y regresa con una bolsa. "Tengo algo para vos", anuncia mientras extiende la caja de bombones Felfort, que proporciona un cierre dulce a los 75 minutos de entrevista.